Tenemos una salvación, pequeña, pero maravillosa: el Kairós, el tiempo cualitativo, los instantes que redimen el tiempo perdido y seria mejor vivir y no lamentarnos. Solo que hoy más que nunca , sé lo difícil que es encontrar una persona a la que amar en este mundo.
Con quien quiera que acabes, no será perfecta; lo que vale es la forma en que ese amor o cariño se conserve y permanezca la forma de resistir al tiempo y la distancia.
No se cuándo realmente se termine, quizá han sido más de dos los años , más especiales y únicos de nuestras vidas. Nos aislamos, aprendimos nuevos lenguajes y hasta palabras derivadas de ello, nos extrañamos, lloramos y crecimos desde nuestras casas; pasamos etapas sin siquiera presenciarlo.
Se fueron años donde hubo miles de zooms, llamadas, mensajes de texto, mails y horas de computadora.
¿Ustedes también sienten los estragos de la pandemia? La abulia, el desánimo, el cansancio, la ansiedad, los malos hábitos alimenticios, las adicciones que acrecentaron en el encierro, la precariedad, ¿la esperanza que perdí yo al menos en esos dos años de angustia y muerte?
Con la pandemia, me gustó el encierro la verdad; la soledad y estar en mi casa fue muy enriquecedor por momentos. . Me enamoré más de la cocina, de escribir, de mis gatos y mi pata.
Adoro hoy a un más la libertad de ser, estar y hacer lo que quiera, a la hora que quiera. Lo malo: hoy es que ahora ya me cuesta socializar, cumplir horarios y dejar de procrastinar.
No sé si Aprendimos nuevas formas para adaptarnos hasta para comprar o pagar servicios . Nos congelamos, nos preguntamos, nos reacomodamos y hay aun quién no aprendió nada pero, casi todos salimos adelante.
Me da ganas de pensar en la esperanza perdida y pensar en la Ramita, en que nos seguimos hablando y queriendo y apoyando desde la distancia.