Cuando me enteré de la muerte de Gabriel García Marquez, era jueves santo en el que conocía sobre la costumbre de encender un cirio Pascual hasta el Domingo. Ursula, el personaje de su novela Cien Años de Soledad muere igual que el escritor ahora.
Después tuve una idea absurda, creer que este señor logró insertar el imaginario también en aquellos que aun no lo habían leído. Mientras caminaba entre el bullicio, el sincretismo religioso y el olor a incienso y manzanilla, queria imaginar que el gabo, como mucha gente le llamaba, había sido llamado por la flaca en jueves santo, justo para poder estar en la ultima cena del hijo de Dios.
Ese afán de lo mexicano,lo trágico y lo ridículamente absurdo, lo barroco hecho imaginación para apearnos de historias apocalípticas, no creo haya costado a los antiguos mexicas aceptar la religión que los españoles imponian, no es difícil pensar porque García Marquez en parte adoptó México para quedarse.
En cierto modo dicen que siempre pensamos en las desgracias con cierto tejo optimista, la razón y la fe se combinan cuando se trata de pensar en el futuro porque toda catástrofe parece siempre superable.
Todo destino posee un significado y una razón de ser, igual que la finitud de la existencia. El gabo ahora Vivirá eternamente y de Coco mi gato tal vez me olvidaré un día.
Muchas veces he visto flotar burbujas tornasoladas, justo esas que le gustaban a mi gato, cientos en las que mi imaginación pondría las mariposas amarillas de las que escribió García Marquez, mi realismo mágico abunda en pañales, tal vez pensar en ambos va a mantenerles vivos en el recuerdo sin necesidad de ver, encontrar, o sentir nada mas que a través de sus libros.