Estoy en el supermercado.
Pasillo de panadería. 5 minutos mirando las infinitas variedades de pan:
Integral, centeno, semillas...
Crisis existencial por las nubes.
Una señora de unos 60 se pone a mi lado. Misma pose.
Misma cara de "¿qué hago aquí?"
2 minutos en silencio total.
Las dos mirando el pan como si fuera a hablarnos.
De repente dice: —Mi marido me dejó por una de 40 que hace pan casero.
Me quedo helada.
¿Qué se responde a eso?
Así que le suelto lo primero que me sale: —Seguro que se le parten los dientes al morderlo.
Me mira y estalla en carcajadas.
Una mezcla entre sollozo y risa histérica. Yo también empiezo a reir.
Sin poder parar.
Nos quedamos ahí quietas.
Dos desconocidas.
Llorando de risa.
La gente mirando como si estuviéramos locas pero nos da absolutamente igual.
Al final tomo el pan normal. El de toda la vida. Ella el integral.
Nos despedimos con un gesto.
Sin palabras, cada una por su lado, y sin decir nada más, me voy pensando:
Esa persona no me conoce.
Yo no la conozco, pero acabamos de compartir algo más real
A veces, la vida te regala momentos así. En los sitios más raros. Con gente que nunca volverás a ver.
Dos desconocidas riéndose de la misma tontería, en el pasillo de la panadería de un supermercado, un jueves cualquiera de fin de semana largo.
