Recordé la paradoja a la que nos enfrentamos a veces en algún momento las mujeres:
Cuando era una niña los niños no querian jugar conmigo y me jalaban las trenzas, tiempo después creces y tu ya no usas trenzas ni quieres jugar, pero ellos pretenden jalarte las trenzas aunque ya no sean unos niños.
Solo pude conseguir un artilugio de su imagen arriba(sin gafas). Casualmente de quien les hablo tiene también gafas como tantos rabillos de su edad y cuando no anda por los pasillos se la pasa en la computadora (yo creo que si abre un blog su plantilla sera verde)
Y creo que son de esos en el ultimo semestre del año con los que me he topado, ultimamente los niños grandes, esos carcamanes o rabillos venidos a menos que basta una mirada o una sonrisa amable que se confunden, y por arte de magia ¡tilin! cuando menos lo esperas se instalan de inmediato a tu lado, justo cuando checas tu entrada en el biométrico, en la sala de juntas, en los pasillos, en el elevador, en el vestibulo, rumbo al baño se aparecen ante ti muy convenientemente: a la misma hora, en el mismo piso argumentando y sorprendiéndose de la "casualidad"; sonrien con su mal arreglado bigote o su corbatita ridicula y te chulean, te llenan de halagos pero por el rabillo del ojo ves al rabillo que te mira descaradamente buscandote las trenzas (el escote) aunque no traigas o trata de mirarte las piernas que te tapa el abrigo.
Cuando yo llego este individuo otoñal ya esta ahí en el vestíbulo, es el que se encarga de preparar el café o ser el atento acompañante si acaso tienes que ir a el otro extremo del edificio, dulce y consecuente en el tono de voz, servicial, los ojos se le resbalan por cada resquicio de tu ser y de las demás congeneres de tu especie no importando la edad que tengan, volviendo la situación muy incomoda, casi imaginas saltándole los ojos de sus órbitas y la lengua desenrollándose hasta debajo de su corbata de una manera cómica.
pero la situación no es nada graciosa cuando se ataja justo a tu lado y se toma confianzitas de sobarte la espalda o tocarte el brazo acercandose demasiado como para demandarlo por estar invadiendo el espacio vital.
No soporto su mirada vidriosa no importa que lleves apenas unas semanas trabajando en el lugar el se atribuye conductas por demás insoportables.
Debe ser pésimo andar por la vida medio infartado viendo escotes, derrieres o traseros ajenos, en la oficina o por el vecindario. Con tan mal gusto y buen tino para toparse contigo y poca elocuencia nada inteligente siquiera para disimular, a estos rabillos se les va la vida tratando de "enganchar" a alguna nueva ilusión porque no disimula que esta desesperado en hallarla.
Yo espero tener la suficiente templanza para soportar lo que venga y vivir con dignidad, para cuando llegue a esa edad, evolucionar de modo que la madurez me de sabia prudencia y claro una vida tan plena que no busque llenar mis complejos estirándome el rostro o inyectandome botox, negándome a envejecer luciendo artificial.
No quiero tapar mis carencias con burdo maquillaje, ni regresar a mi etapa donde sacaba la lengua para no soportar mi soledad y pretender andar con niños y revivir aquellos tiempos en el que me jalaban las trenzas (las del cabello no de las otras) jaja no imaginen!... Debo confesar que hace tiempo sufría de gerontofilia (me gustaban mucho los hombres mayores). Pero, ultimamente a mi el único cincuentón que me gusta es Joaquín Sabina, feo si ustedes quieren pero inteligente, mordaz divertido seguramente con una charla por demás interesante y además talentoso.
Hay seres que aun en su condición de piel de cordero son aun mas astutos que muchas zorras ..(no imaginen) jaja ya lo dice el dicho mas sabe el diablo por viejo que por diablo, pero ultimamente yo me cuido de no encontrármelo, al principio pensé que yo era la que imaginaba entre mis fantasías o era el clima o la estación, pero he oído uno que otro argumento de otras mujeres en el trabajo que pasan la misma incomodidad que yo a razón de este ente.
Si lo divisan a lo lejos se escabullen como yo por el otro lado, si lo ven venir finjen mirar atentas documentos, o libros que traen en la mano, todo con tal de no soportar su amabilidad ni sus miraditas. Pensar que siempre los mas tranquilos no rompen un plato pero precisamente son esos que tienen la vajilla despostillada, no porque sean niños y hagan travesuras, sino quieren volver a serlo justo cuando ya se les paso la edad, y junto con sus colmillos y canas terminan haciendo desfiguros y se vuelven en seres por demás ridículos.
Me da urticaria, tan solo de pensar que tienen tanto tiempo estos entes que podrían mejor jubilarse, porque para espiar mujeres (o blogs) ja de toda edad o para añadirse como accesorio tuyo en los pasillos, creo que ya es un modo de vida que puede alterarle los nervios a cualquiera, incluida la paciencia. Me imagino así quedaran como la imagen de alla arriba cada vez que no logran la acometida del dia.
que afán otoñal. Vaya Pan. Ya ni pez, ya ni la friegan.
yo digo que se vayan a... fumar un cohiba
de los acosadores de Simbad. aun hay mas por si gustan.
Cuando era una niña los niños no querian jugar conmigo y me jalaban las trenzas, tiempo después creces y tu ya no usas trenzas ni quieres jugar, pero ellos pretenden jalarte las trenzas aunque ya no sean unos niños.
Solo pude conseguir un artilugio de su imagen arriba(sin gafas). Casualmente de quien les hablo tiene también gafas como tantos rabillos de su edad y cuando no anda por los pasillos se la pasa en la computadora (yo creo que si abre un blog su plantilla sera verde)
Y creo que son de esos en el ultimo semestre del año con los que me he topado, ultimamente los niños grandes, esos carcamanes o rabillos venidos a menos que basta una mirada o una sonrisa amable que se confunden, y por arte de magia ¡tilin! cuando menos lo esperas se instalan de inmediato a tu lado, justo cuando checas tu entrada en el biométrico, en la sala de juntas, en los pasillos, en el elevador, en el vestibulo, rumbo al baño se aparecen ante ti muy convenientemente: a la misma hora, en el mismo piso argumentando y sorprendiéndose de la "casualidad"; sonrien con su mal arreglado bigote o su corbatita ridicula y te chulean, te llenan de halagos pero por el rabillo del ojo ves al rabillo que te mira descaradamente buscandote las trenzas (el escote) aunque no traigas o trata de mirarte las piernas que te tapa el abrigo.
Cuando yo llego este individuo otoñal ya esta ahí en el vestíbulo, es el que se encarga de preparar el café o ser el atento acompañante si acaso tienes que ir a el otro extremo del edificio, dulce y consecuente en el tono de voz, servicial, los ojos se le resbalan por cada resquicio de tu ser y de las demás congeneres de tu especie no importando la edad que tengan, volviendo la situación muy incomoda, casi imaginas saltándole los ojos de sus órbitas y la lengua desenrollándose hasta debajo de su corbata de una manera cómica.
pero la situación no es nada graciosa cuando se ataja justo a tu lado y se toma confianzitas de sobarte la espalda o tocarte el brazo acercandose demasiado como para demandarlo por estar invadiendo el espacio vital.
No soporto su mirada vidriosa no importa que lleves apenas unas semanas trabajando en el lugar el se atribuye conductas por demás insoportables.
Debe ser pésimo andar por la vida medio infartado viendo escotes, derrieres o traseros ajenos, en la oficina o por el vecindario. Con tan mal gusto y buen tino para toparse contigo y poca elocuencia nada inteligente siquiera para disimular, a estos rabillos se les va la vida tratando de "enganchar" a alguna nueva ilusión porque no disimula que esta desesperado en hallarla.
Yo espero tener la suficiente templanza para soportar lo que venga y vivir con dignidad, para cuando llegue a esa edad, evolucionar de modo que la madurez me de sabia prudencia y claro una vida tan plena que no busque llenar mis complejos estirándome el rostro o inyectandome botox, negándome a envejecer luciendo artificial.
No quiero tapar mis carencias con burdo maquillaje, ni regresar a mi etapa donde sacaba la lengua para no soportar mi soledad y pretender andar con niños y revivir aquellos tiempos en el que me jalaban las trenzas (las del cabello no de las otras) jaja no imaginen!... Debo confesar que hace tiempo sufría de gerontofilia (me gustaban mucho los hombres mayores). Pero, ultimamente a mi el único cincuentón que me gusta es Joaquín Sabina, feo si ustedes quieren pero inteligente, mordaz divertido seguramente con una charla por demás interesante y además talentoso.
Hay seres que aun en su condición de piel de cordero son aun mas astutos que muchas zorras ..(no imaginen) jaja ya lo dice el dicho mas sabe el diablo por viejo que por diablo, pero ultimamente yo me cuido de no encontrármelo, al principio pensé que yo era la que imaginaba entre mis fantasías o era el clima o la estación, pero he oído uno que otro argumento de otras mujeres en el trabajo que pasan la misma incomodidad que yo a razón de este ente.
Si lo divisan a lo lejos se escabullen como yo por el otro lado, si lo ven venir finjen mirar atentas documentos, o libros que traen en la mano, todo con tal de no soportar su amabilidad ni sus miraditas. Pensar que siempre los mas tranquilos no rompen un plato pero precisamente son esos que tienen la vajilla despostillada, no porque sean niños y hagan travesuras, sino quieren volver a serlo justo cuando ya se les paso la edad, y junto con sus colmillos y canas terminan haciendo desfiguros y se vuelven en seres por demás ridículos.
Me da urticaria, tan solo de pensar que tienen tanto tiempo estos entes que podrían mejor jubilarse, porque para espiar mujeres (o blogs) ja de toda edad o para añadirse como accesorio tuyo en los pasillos, creo que ya es un modo de vida que puede alterarle los nervios a cualquiera, incluida la paciencia. Me imagino así quedaran como la imagen de alla arriba cada vez que no logran la acometida del dia.
que afán otoñal. Vaya Pan. Ya ni pez, ya ni la friegan.
yo digo que se vayan a... fumar un cohiba
de los acosadores de Simbad. aun hay mas por si gustan.
