Se que hay algunos ahi afuera, sonrientes, afables, sin tejos de pretender sólo caer bien. Unos velan por mi salud sin conocerme, me desean buenas cosas me arropan con sus palabras y siguen sin conocer mi hilera de defectos.
Y es que todos tenemos una versión de nosotros mismos que no necesariamente es la mejor.
Hubo ocasiones que me sentí bastante desilusionada por no lograr entender ciertas cosas con gente y siempre me obligué a bajar el telón dando por sentado dejar cerrado ese armario emocional gigante repleto de emociones. Supongo que eso sucede por colgar demasiadas expectativas hacia con otros y por eso terminas con decepciones gratuitas o la ilusión muy machacada. Antes pasó que algunas me dieron la llave para dejar mejor encerradas las cosas y el silencio fue el que habló por si mismo obteniendo del tiempo la mejor conclusión.
Ignorando como se desarolla la vida ahi afuera, o con cuánta fidelidad se refleja lo que pasa dentro de uno, tantas cosas canceladas hace que te olvides que la riqueza o el misterio que encierra una persona son sus luces y sombras. Que el mundo es tan basto que siempre hay un resquicio del cual sin guarecerte puedes asomarte libre y saber elegir quien quieres que esté en tu vida o siga ahi.
Los abismos separan porque en el reflejo el espejo de la realidad termina por romperse si no se es auténtico, pero en el mejor de los casos mantiene el lazo tan fuerte que de improviso te llegan señales en las que sin que lo esperes, te dan obsequios revestidos de frases, actitudes, y guiños que automáticamente hacen desaparecer por completo la hilera de km que fisicamente harían imposible cualquier acercamiento.
Tan participativos unos que cuando siento que voy a caer me tiran del hombro.

