
“El hallazgo afortunado de un buen libro puede cambiar el destino de un alma.”
Marcel Prévost
Entre tiempos tiranos me resisto a padecer con toda intensidad ciertas cosas, aflorar sentimientos no es tán difícil como cuando uno escribe (y no es que yo sea una profesional ni tampoco lo pretenda), pero el blog ya me ahorró el psiquiatra. Ciertos libros y autores son como una balsa cuando uno se ahoga entre tanta rutina sin espacio o lapso para imaginar.
Hay quién le basta leer libros de superación personal o novelas de folletín rosa, le adivino lo que dice y como lo dice porque quizá ese es su mundo, yo prefiero experimentar y atreverme a probar otros sabores o intenciones sin vivir en Burbujas aunque asumo que soy muy, simple, a veces en plan infantil que hasta vuelvo a ver Candy y lloro como Remi . Al final, a veces me resulta evidente que puedo leer porque me gusta algo, no importa en tanto que no sea un contenido en plan intelectual, me descubro muy ignorante pero me esfuerzo un poco por decifrar o conocer más allá y si me apersono en una Librería creo que me sumerjo ahi horas.
Me agrada hablar con personas que pueden proveerme de algun conocimiento, saborear y compartir sus propias experiencias sin plan posado y hasta que me arranquen carcajadas en su sentido del humor tan ácido o negro, por que resultan en plan intelectual todo un grato reto.
Remitiéndome a los libros, el mundo mágico de la literatura es para el que la quiera, para el que la comprenda, para el que la necesite, o el que la busque. Se dice que hay cada vez más reducido el gremio de los lectores, que una de las utilidades mas tangibles de la literatura está estrechamente vinculada a la posibilidad de vivir aventuras más allá de nuestras capacidades, para demostrar ese argumento no se precisa de mucho ingenio. Resulta evidente que no siempre podemos hacer las veces de caballeros andantes, o doncellas en peligro... es imposible darle la vuelta al mundo sin billete o dinero ante cualquier provocación pero basta un renglón o un título que nos evoca a imágenes mentales maravillosas por muy crudas que sean o irreales, nada que se imponga una barrera con ganas de ver o volar.
Ante tal incertidumbre, la literatura ofrece la posibilidad de refugiarse en universos alternos, de vivir otras vidas, de usar otros disfraces no importa si los peligros que los personajes atraviesan sean peores que los cotidianos, o nos enfrenten con los propios miedos y angustias interiores.
Leer para mi a veces es un entorno protegido. pero no siempre se puede salir ileso de la aventura, los buenos libros puede que no nos dejen incólumes jamás.
De la misma forma podría incluirse a Jonhatan Swift y sus seres desmedidos, o a los hermanos Grimm o Andersen y sus seres de otro lugar a Oscar Wilde o a las armaduras sin cuerpo de Calvino o a Sánchez Ferlosio o los personajes de Ende o los cazadores de sueños, los muertos que viven y los demonios de forma humana de Pavic o los fantasmas que te miran de William Kennedy, los detectives salvajes de Bolaño y hasta los seres imaginarios de Petróvic , las siniestras amadas de Alan Poe o personajes del estilo gótico de Mathias Malzieu
A menos que tengas menos de dos clavos en el bolsillo y como en vitrina te asomes y codicies un libro por lo caro que está, de los placeres culposos los libros para mi son la mejor inversión. En un libro aparecen resquicios por donde podrán romperse una y otra barrera casi en paralelo como en el mundo de los sueños, la imaginación no tiene límites de ningún tipo.